“y el Verbo era Dios”
Juan 1:1 (NBLA)
Hay verdades que no caben en una mente apurada. Esta es una de ellas. Dios y Su Palabra son uno. Eso no es una metáfora cómoda. Es un misterio. Si Dios no hubiera soltado la palabra, la luz no habría existido. Cuando Él habla, no lanza una idea al aire: Él mismo va con lo que dice, y lo que dice se vuelve realidad.
Por eso esta verdad también confronta. Puedes leer mucho y seguir sin conocer a Jesús. Puedes manejar términos, comentar textos, hasta enseñar Biblia, y aun así quedarte del lado de afuera de la revelación. El problema no es estudiar. El problema es tratar la Escritura como información religiosa y no como el lugar donde Dios decide mostrarse.
Si la Palabra es así, no puedes recibirla con distracción ni a distancia. Tienes que estar atento. Tienes que conocerla, entenderla y creerla. No basta admirar Juan 1 como un pasaje profundo. Tienes que oír la Palabra, comprenderla y abrazarla, porque es por medio de la Palabra que Dios se revela. Cuando tú la recibes con fe, Dios comienza a manifestar algo en tu realidad.
También por eso Génesis 1 no es un recuerdo bonito del principio. “Hágase la luz” (Génesis 1:3, NBLA) no describe una posibilidad: crea una realidad. La luz apareció porque Dios habló. Y si Dios sigue hablando, entonces Su Palabra sigue trayendo a existencia lo que tú no puedes fabricar por tu cuenta.
Juan 1:1-3 (NBLA)
En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
No te acerques al texto como quien colecciona datos. Acércate atento, con entendimiento y con fe. Ahí Dios no solo informa. Ahí Dios se revela y empieza algo que antes no existía.