Hay momentos en la vida donde uno no sabe qué va a pasar. Uno está delante de una situación, un problema, una decisión, y la incertidumbre se apodera de nosotros. El salmista David conocía eso. Este hombre tenía al rey Saúl con todo un ejército buscándolo para matarlo. Tenía otros pueblos que eran enemigos de él. O sea, que David estaba huyendo de diferentes personas al mismo tiempo. Pero de cada una de esas situaciones, el Señor lo guardó.

Salmo 18:28-30 (NBLA)

Tú enciendes mi lámpara, oh Señor; Mi Dios que alumbra mis tinieblas. Pues contigo aplastaré ejércitos, Y con mi Dios escalaré murallas. En cuanto a Dios, Su camino es perfecto; Acrisolada es la palabra del Señor; Él es escudo a todos los que a Él se acogen.

David había compuesto esta alabanza de gratitud porque Dios había peleado por él. Él reconoce que todo lo que tenía, el lugar que ocupaba, había sido por causa del Señor. No fue su astucia, no fue su fuerza, no fueron sus recursos. Fue el poder y la fuerza de Dios.

Cuando no sabes lo que viene

El salmista habla de la incertidumbre que sintió ante las dificultades. Nosotros los seres humanos no sabemos el porvenir. Y cuando estamos ante un problema, como no sabemos lo que va a suceder, nos agarran los nervios, nos preocupamos. Ahora mismo me encuentro delante de una oportunidad y estoy orándole al Señor más que nunca y le digo: “Señor, háblame de que esto viene de Ti. Si esa puerta no es tuya, ciérrala.” Tenemos que tener cuidado con cada decisión que tomamos.

Tú enciendes mi lámpara

En el idioma original, tinieblas significa ignorancia. Y la luz significa revelación, entendimiento, conocimiento. El salmista está diciendo: “Estuve en problemas, no sabía cómo iba a salir de ellos. Me puse a orar, me presenté delante del Señor, y Tú encendiste mi lámpara.”

La luz de Dios extingue las tinieblas. El reino de las tinieblas domina por medio de la ignorancia. El enemigo sabe que como nosotros no sabemos el porvenir, tenemos miedo, tenemos incertidumbre, y él toma ventaja de eso. Sin embargo, el reino de la luz salva, liberta, sana, restaura y bendice por medio de la revelación, por medio del conocimiento.

El enemigo sabe que si tú adquieres conocimiento, él pierde dominio sobre tu vida. Él estorba el que tú te expongas a la verdad de la palabra de Dios. Jesús lo dijo: “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres.” El enemigo sabe eso y por eso hace todo lo posible para que no nos expongamos a la palabra del Señor.

Contigo desbarataré muros

Mira lo que pasa cuando Dios te da revelación. Ahora el hombre tiene entendimiento, ahora sabe quién es el que está con él, ahora sabe quién es él en Dios, ahora sabe cuáles son los recursos que están a su disposición porque es un hijo de Dios. Entonces su mentalidad cambia y dice: “Contigo desbarataré muros.” Ya no soy el mismo. Tengo conocimiento de la palabra de Dios. Tengo revelación.

Un cambio radical. Estaba perdido, estaba con temor, estaba con miedo, estaba en incertidumbre. Ahora Dios me dio iluminación. Ahora entiendo lo que soy capaz de hacer en el Señor. No es en mis propias fuerzas, no es porque yo sea listo. Es por lo que entendí de parte de Dios. Eso es lo que hace la revelación: una transición del pasado al futuro. Allá tenía miedo, pero como Dios me habló, ahora tengo confianza.

La palabra acrisolada

Esa palabra acrisolada significa que algo ha sido puesto a prueba y ha resultado ser real. El salmista está diciendo: “He comprobado de primera mano la palabra de Dios y lo que Dios dice es verdadero.” Esto no me lo contó nadie. Esto no lo leí en un libro. Esto no fue una predicación del pastor. Yo soy testimonio de lo que dice ese libro. Mi matrimonio es testimonio. Mi salud es testimonio. Mis finanzas son testimonio.

Cada uno de nosotros que decimos ser cristianos tenemos que tener por lo menos un testimonio. No solamente hablar de lo que dice la Biblia. Tú deberías tener una experiencia con la palabra de Dios, algo en lo que te paraste y dijiste: “Las circunstancias son adversas, pero Dios me está diciendo otra cosa. Le voy a creer a Dios.”

Conocer a Dios, no solo saber de Él

La confianza se basa en el conocimiento. Si no conoces a una persona, no confías en esa persona. El problema es que hay muchos en la iglesia que leen la Biblia, recitan la Biblia, pero no conocen al Dios de la Biblia. Para conocer a Dios, necesitamos relacionarnos con Él. Venir un domingo a la semana por una hora y media no es suficiente. Vamos a conocer de Dios, pero no vamos a conocer a Dios.

Necesitamos hablar con Dios, mis amados. A veces nos desesperamos porque no encontramos a quién llamar. Tenemos 500 contactos, llamamos a 200, nos contestan 25, y les estamos diciendo cómo nos sentimos. Pero con el que nos puede ayudar, con ese es el que menos hablamos.

El apóstol Pablo lo dijo en Filipenses 3:8: todas las cosas que antes habían sido importantes perdieron valor. Lo más importante es conocer a Cristo. Mis amados, cuando tenemos una relación íntima con Dios y nos encontramos en medio de un problema, tenemos que tener la confianza del salmista: Dios me va a hablar y me va a decir cómo voy a salir de esta situación. Pero tenemos que comenzar teniendo intimidad con el Señor.