No nos demos por vencidos.
2 Corintios 4:16-18 (NTV)
Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre.
Cuando la dificultad toca tu casa
A veces las dificultades nos quitan el sueño, nos preocupan y hasta nos enferman. Y muchas veces, si somos honestos, el problema es culpa nuestra. Hace un par de semanas yo tomé una decisión y esa decisión me trajo problema. Compré un contenedor para usarlo de storage en la casa, y me llamaron del town. El código de edificios dice que ese aparato no puede estar en el patio, que lo tengo que sacar. Yo tenía planes con eso, pero ya no van a poder ser.
Cuando llegó la inspectora me dijo: "Nosotros no andamos viendo casa por casa. Lo que pasó fue que uno de tus vecinos nos llamó". Y ahí uno se siente tentado, hermano. Uno quiere buscar al culpable, quiere reaccionar en la carne. Pero el Señor me habló claro: "Tenés que servir a tu comunidad". Ahí me dejó desarmado. "No podés maldecirlo. Bendecilo". Mira bien: el problema no siempre viene para destruirte. A veces Dios lo permite para trabajarte por dentro.
Los problemas también forman
Por eso Pablo nos dice: no se den por vencidos. No importa lo dura que se vea la circunstancia, no te des por vencido. ¿Por qué? Porque Dios usa hasta los problemas para formar algo en nosotros. Hay cosas que no entendemos en el momento, pero más adelante uno descubre que si la promesa hubiera llegado antes, no estábamos listos para sostenerla.
Por eso no podemos mirar la dificultad nada más. Tenemos que preguntarnos: ¿qué tiene Dios que decir de esto? Mira, la fe no es tener ideas bonitas acerca de Dios. Fe es vivir condicionado por lo que Dios ha dicho. Si soy hijo de Dios, no puedo hablar como abandonado, no puedo vivir sin esperanza, no puedo dejar que una mala noticia me cambie la postura. Cuídate de eso, hermano. Cuídate de eso.
Él puede… pero si no lo hace
Por eso la historia de Sadrac, Mesac y Abednego es tan poderosa. Esos muchachos no estaban hablando desde un lugar cómodo. Ya habían visto la crueldad de Nabucodonosor, y aun así dijeron: nuestro Dios puede librarnos.
Esa misma convicción tiene que vivir en nosotros, mis amados. Dios puede poner tu nombre en la mente de un juez para que te llegue la residencia. Dios puede poner tu nombre en la mente de un gerente del banco para que te aprueben el préstamo. Dios puede sanar una enfermedad, restaurar tu matrimonio y libertar tus hijos. Él puede. Nuestro Dios puede.
Pero aquí está la madurez de la fe: "aunque no lo hiciera". Si no lo hace como yo esperaba, todavía me voy a mantener firme. Todavía voy a confiar. No te rindas en tu mente. No te rindas en tu oración. No te rindas en tu fidelidad.
Si no te saca, entra contigo
Yo estaba quebrantado en esa banca cuando el Señor me ministró esto: a veces no te voy a sacar, pero me voy a meter al fuego contigo. Cuando la ley diga que tienes que ir a la corte y enfrentar a un juez, Él va contigo. Cuando no haga el milagro de sanidad de inmediato y permita que entres en tratamiento, Él entra contigo en ese tratamiento. No te deja solo. No te deja sola.
Fíjate bien en el consuelo de esta palabra: no estamos solos en medio de la dificultad. Si Dios permitió que esa situación tocara la puerta de tu casa, algo Él quiere hacer ahí. O hace el milagro que le estás pidiendo, o se mete contigo en medio del proceso. Vamos a salir bien. Vamos a salir bien.
Vuelve a tomar tu postura
Lo primero que tienes que hacer es orar. No corras primero a la gente, porque la gente agranda los problemas. Ve donde Papá y dile con claridad: "Este es mi problema, esta es mi necesidad". Preséntale tu situación al Señor. Dile que Él puede.
Es tiempo de volver a agarrar nuestra postura como hijos de Dios. La actitud tiene que cambiar. La esperanza tiene que volver. Si hoy estás en medio de una tormenta, agárrate de esta palabra como de un salvavidas. El Señor no te va a dejar perecer. No te rindas, hermano. No te rindas. Él está contigo en medio del fuego.