Hay expedientes que están escondidos de la vista de los demás, pero delante de Dios no están escondidos. Esa fue la carga con la que entré a esta palabra. Iba a incomodar, sí, pero la intención de Dios no era avergonzarnos; era bendecirnos con verdad.
Ezequiel 28:15-18 (NBLA)
-'Perfecto eras en tus caminos Desde el día que fuiste creado Hasta que la iniquidad se halló en ti. -'A causa de la abundancia de tu comercio Te llenaste de violencia, Y pecaste; Yo, pues, te he expulsado por profano Del monte de Dios, Y te he eliminado, querubín protector, De en medio de las piedras de fuego. -'Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura; Corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor. Te arrojé en tierra, Te puse delante de los reyes, Para que vieran en ti un ejemplo. -'Por la multitud de tus iniquidades, Por la injusticia de tu comercio, Profanaste tus santuarios. Y Yo he sacado fuego de en medio de ti, Que te ha consumido; Y te he reducido a ceniza sobre la tierra A los ojos de todos los que te miran.
Lo que nadie ve
Yo quise arrancarnos de una idea peligrosa: pensar que Dios trata solo con lo que se ve. En este pasaje se habla de un ser lleno de hermosura y sabiduría. Pero el cielo señaló otra cosa: la iniquidad que se halló adentro. No fue primero una caída pública. Fue algo escondido, creciendo en el corazón.
La gente puede ver lenguaje correcto, servicio y disciplina. Pero Dios no se deja impresionar por la presentación. Dios mira lo que tú has levantado por dentro. Dios sabe si estás peleando o justificando lo que antes te dolía.
No todo pecado es igual
Abrimos también el Salmo 32 y vimos algo que muchos pasan por alto: la Biblia habla de pecado, de transgresión y de iniquidad. Pecado es errar. Transgresión es violar la ley de Dios a sabiendas. Pero iniquidad ya tiene otro peso: es una torcida interna, una corrupción que aprende a esconderse y hasta a explicarse con lenguaje espiritual.
Por eso yo dije que hay iniquidades que no se ven al ojo natural. Orgullo, resentimiento, amargura, engaño, ira, avaricia. Cosas que no hacen ruido al principio, pero van formando un altar secreto dentro del corazón. Y cuando algo ocupa por dentro el lugar de Dios, tarde o temprano termina mandando en tu vida.
Los ídolos del corazón
En Ezequiel 14 llegaron hombres con apariencia de piedad a consultar palabra. Por fuera todo estaba en orden. Pero el Señor le dijo al profeta que esos hombres tenían ídolos en su corazón. Mira bien: llegaron con lenguaje santo, pero con lealtades rotas por dentro. Querían dirección sin rendición. Querían respuesta sin arrepentimiento.
Uno puede sentarse en la iglesia, levantar las manos, decir Dios te bendiga, y aun así cargar cosas que nadie sabe. El pastor no siempre lo ve. Los hermanos tampoco. Pero Dios sí. Y cuando Dios saca eso a la luz, muchas veces lo hace para salvarte antes de que eso termine arrastrándote.
Jesús fue al centro del problema
Por eso Jesús no se quedó en la conducta externa. Él fue al corazón. Si guardas enojo, ya hay juicio formándose. Si alimentas deseo torcido, ya hay adulterio gestándose por dentro. El problema no empieza cuando se ve. Empieza cuando se gesta. Empieza cuando lo escondido deja de pelearse y comienza a cuidarse.
Y ahí fue donde apreté esta palabra: una vez algo se gesta en el corazón, cuando la oportunidad lo permita, va a querer salir. Por eso no basta con decir así soy yo. No basta con pedir que Dios quite algo mientras tú lo sigues alimentando. Hace falta resolución, disciplina y odiar eso que quiere sacarte de la presencia de Dios.
Hoy toca rendir lo escondido
Si el Señor te ha estado hablando por la prédica, por una canción, por una conversación, por esa inquietud que no te deja tranquilo, no endurezcas el corazón. No sigas maquillando lo que Dios ya te mostró. Tráelo a la luz. Renuncia a eso. Córtalo. Entrégaselo al Señor con seriedad.
Te lo digo con amor pastoral: no cuides más tu imagen que tu alma. No defiendas más lo escondido que tu comunión con Dios. Hoy es un buen día para decirle al Señor: esto no lo quiero más en mi vida. Límpiame por dentro. Derriba mis ídolos. Saca a la luz mis expedientes secretos y dame la gracia para caminar en verdad. Haz esa oración hoy, mis amados. Hazla de verdad.